Mi primera mastografía: cuando la adultez también se siente en el cuerpo.


¡Octubre Rosa!
El momento en el que te das cuenta de que has crecido.
¡Wow! Llegué a ese punto de la vida en el que la adultez se siente cada vez más como una lista interminable de responsabilidades de las que no hay forma de escapar. Y vaya, no es que quiera huir de ellas, pero hay momentos en los que simplemente se vuelven inevitables.
Prácticamente toda mi carrera profesional ha estado ligada al sector salud, así que conozco la importancia de cuidar de nosotros mismos. Porque, como bien decimos, si tenemos salud, lo tenemos todo. Y ese cuidado comienza con nuestros hábitos: lo que comemos, lo que bebemos, cómo nos movemos y, como la ciencia ha demostrado cada vez con mayor claridad, cuánto y cómo dormimos.
Pero más allá de la genética y de las circunstancias que no podemos controlar, hay algo que sí está en nuestras manos: asumir la responsabilidad de cuidar nuestra salud y tomar decisiones para protegerla.
Y ahí es donde entra la prevención.
La palabra que me hizo sentir vulnerable: mastografía
Esta semana, durante mi cita anual con la ginecóloga, escuché una palabra que me taladró el cerebro. Me puso nerviosa y me hizo sentir vulnerable de una manera que no esperaba.
Por un momento, quise huir. Escapar de ese número que, desde enero, ocupa un lugar en mi calendario: 40 años.
—Mariana, debes hacerte tu primera MASTOGRAFÍA.
Y, de pronto, mi cabeza se llenó de preguntas.
¿En qué momento llegué aquí?
¿Cómo es que pasé de ser esa persona que le insistía a su mamá para que se hiciera una mastografía, a ser yo quien ahora tiene que vivir esa misma experiencia?
Supongo que crecer también consiste en eso: darte cuenta de que los años no solo traen nuevas etapas, sino también nuevas responsabilidades. Y algunas de ellas tienen que ver directamente con nuestro cuerpo, nuestra salud y la forma en la que decidimos cuidarnos.
El miedo ante lo desconocido
Le marqué a una de mis amigas más cercanas y a una de mis primas. Entre una conversación y otra, intentaba poner en palabras todo lo que estaba sintiendo.
Estaba nerviosa por si me dolía. Me inquietaba estar dentro de un aparato que, desde mi experiencia profesional, conocía perfectamente. También me generaba cierta vulnerabilidad pensar que otra persona tendría que tocarme y examinarme para poder evaluar mi salud.
En fin, mi cabeza se convirtió en una colección de pensamientos que no me dejaban tranquila.
Y es que, aunque conozcas la importancia de la prevención, aunque sepas cómo funciona un estudio e incluso aunque tu carrera profesional haya estado relacionada con la salud, eso no significa que dejes de sentir miedo cuando te toca vivirlo en primera persona.
Porque una cosa es saberlo y otra muy distinta es experimentarlo.
Como muchas otras cosas que me generan incomodidad, mi primera reacción fue postergarlo. Pero esta vez algo dentro de mí me dijo: esto va primero; el resto puede esperar.
El momento de la verdad: mi primera mastografía
Y llegó ese momento.
Estaba ahí, en la sala, lista para hacerme la mastografía.
¿Y saben qué? No me dolió.
Claro que es un procedimiento incómodo. No voy a decir que fue la experiencia más agradable del mundo, pero tampoco fue tan terrible como mi imaginación me había hecho creer.
Tuve la fortuna de encontrarme con Fernanda, quien me atendió con mucha amabilidad y logró que todo fuera mucho más sencillo. Su trato hizo una gran diferencia y me recordó algo que a veces olvidamos: la forma en la que alguien nos acompaña durante un procedimiento médico también importa.
Salí de ahí pensando en todas las veces que el miedo nos hace imaginar escenarios mucho peores de lo que realmente terminan siendo. Y también entendí que no necesitaba dejar de sentir nervios para dar el paso. Solo necesitaba hacerlo, incluso con ellos.
Cumplir 40 también significa aprender a cuidarme de otra manera
Cuando pienso en los casos de cáncer de mama que se diagnostican en mujeres jóvenes, recuerdo que esta enfermedad no siempre aparece a una edad en la que esperamos tener que preocuparnos por ella. Saber que también puede afectar a mujeres jóvenes hace que la prevención cobre otra dimensión.
Hoy entiendo que no se trata de vivir con miedo, sino de aprender a actuar con responsabilidad. De escuchar a los profesionales de la salud, conocer nuestro cuerpo y cumplir con los estudios que nos corresponden según nuestra edad, nuestros antecedentes y nuestro nivel de riesgo.
Así que sí, aquí estoy: aprendiendo a vivir esta nueva etapa, aceptando las responsabilidades que vienen con ella y entendiendo que cuidar de mí también significa enfrentar esas cosas que preferiría evitar. Y si tengo que hacerlo una y otra vez, según las recomendaciones médicas, lo haré. No porque no tenga miedo, sino porque mi salud merece estar entre mis prioridades.
Octubre Rosa: no lo dejes para después
Si algo me dejó esta experiencia es que, a veces, necesitamos dejar de postergar aquello que sabemos que es importante.
Durante Octubre Rosa, muchos laboratorios y centros de diagnóstico ofrecen descuentos o campañas para facilitar el acceso a los estudios de detección. Vale la pena informarse, preguntar y aprovechar estas oportunidades. Pero, sobre todo, vale la pena recordar que la prevención no debería depender únicamente de una campaña o de un mes en el calendario.
No lo dejes pasar. No te dejes pasar.
Haz tu cita, consulta con tu médico y averigua qué estudios necesitas de acuerdo con tu edad y tus antecedentes. Porque prevenir también es una forma de querernos. Es reconocer que nuestro bienestar importa y que merecemos dedicarle tiempo, atención y cuidado.
Prevenir es cuidar. Y hoy, más que nunca, elijo cuidarme.
Una nota importante sobre la edad recomendada
La edad para comenzar a realizarse una mastografía de detección puede variar según el país, las recomendaciones médicas vigentes y los antecedentes personales y familiares.
En México, algunas recomendaciones y programas contemplan el inicio del cribado a partir de los 40 años, aunque la edad y la periodicidad pueden variar según la guía consultada y el nivel de riesgo.
En Alemania, el programa organizado de detección mamográfica se ha dirigido tradicionalmente a mujeres de entre 50 y 75 años, con estudios cada dos años, y se prevé ampliar el acceso a partir de los 45 años.
Si existen antecedentes familiares importantes, una predisposición genética conocida o síntomas mamarios, la evaluación puede requerir un enfoque diferente y comenzar antes. Lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud para determinar qué corresponde en cada caso.
La información de este artículo es de carácter personal e informativo y no sustituye la valoración médica individual.




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