Roma, contigo: todo lo que caminamos juntas.


Porque para volver siempre sobrarán las razones
¿Cómo caminar por una ciudad que se construyó durante miles de años y que hoy, sin duda, es una de mis favoritas en el mundo?
Esos viajes de madre e hija que se quedan guardados para siempre. De esos que, cuando pasan los años, vuelves a recordar con una sonrisa. Y aquí, un poquito de lo vivido y, sobre todo, de lo caminado.
De Florencia a Roma
Tomamos ese tren desde Florencia con destino a Roma, sin imaginar todo lo que nos esperaba....
Primera parada: la Fontana di Trevi
Una de las paradas más emocionantes.
Lo que vi, más allá del lugar —que me parece único—, fue la cara de mi mamá y la emoción de estar juntas en esa plaza.
La Fontana di Trevi es la fuente barroca más famosa de Roma, diseñada principalmente por Nicola Salvi y terminada en 1762. Pero para mí, ese día significó mucho más que un dato histórico: significó verte feliz.
Roma antigua: historia a cada paso
El segundo día fue intenso, y con eso me refiero a que empezamos desde las primeras horas.

Estábamos a pocos pasos de uno de los lugares más emblemáticos del mundo: el Coliseo, inaugurado en el año 80 d. C. y con capacidad para aproximadamente 50.000 espectadores, que acudían a ver combates de gladiadores y otros espectáculos.

Nos seguimos de largo y nos fuimos al Foro Romano y al Palatino, el corazón político y religioso de la antigua Roma. Y aunque el calor estaba a tope, estábamos disfrutando muchísimo de todo lo que veíamos.

Trastevere: vino, comida y muchas fotos
Todavía nos quedaba pila, así que nos fuimos al barrio de Trastevere, uno de los barrios más antiguos y tradicionales de Roma, famoso por sus calles estrechas, casas antiguas, plazas y ese ambiente romano tan auténtico. Comimos delicioso, tomamos unas copas de vino y, claramente, nos tomamos muchísimas fotos.
Y volvimos, por supuesto, a la Fontana di Trevi, pero esta vez sí para lanzar la tradicional moneda de la suerte y pedir nuestro deseo.

Un día de arte, calor y muchos kilómetros
El día más caluroso y caminado fue, sin duda, el de la visita a los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina.

Ya no quiero recordar cuánto pagué porque estoy segura de que me vieron la cara, hahaha. Pero nada me quita decir que estuvimos juntas en esa maravilla llena de arte e historia.
Y donde, sin duda, lo mejor fueron tus comentarios a la salida.
Y me pasé… porque ese mismo día también teníamos la visita para entrar al Coliseo, así que todavía nos faltaban algunos pasos por caminar. Terminamos exhaustas ese día, pero eso sí: cenando una pizza deli de vuelta en el hotel.

Día 1000: porque Roma nunca se acaba
Hahaha. Y es que hicimos tantas cosas que parece que hubieran sido muchísimos días.
Nos fuimos a Villa Borghese y, por supuesto, visitamos el museo, que vale un 200 % la pena.
La Galería Borghese alberga una de las colecciones de arte más importantes de Roma, con obras de Bernini, Caravaggio, Rafael y Tiziano.
Este espacio, sin duda, fue uno de mis favoritos y, además, un lugar nuevo para mí.
Cuando los planes cambian
Intentamos —y sí, digo intentamos— entrar al Panteón, pero, además del calor, el sistema no funcionaba. Así que mejor decidimos pasar el resto de la tarde caminando y disfrutando de nuestra compañía.

Porque a veces los mejores momentos son precisamente los que no estaban en el itinerario.
Unos últimos kilómetros
Al día siguiente me fui a correr unos kilómetros alrededor del Coliseo Romano.
Qué lindo es descubrir una ciudad caminando, perderse entre sus calles, cansarse, parar a tomar algo, volver a caminar y guardar cada rincón en la memoria.

Y seguir caminando juntas
De nueva cuenta, qué maravilla es poder seguir caminando contigo por el mundo, mami.





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