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Extraños. Elegía de un matrimonio / Belle Burden

  • Foto del escritor: Mariana E
    Mariana E
  • hace 11 horas
  • 5 min de lectura
Portada del libro "Extraños" de Belle Burden, sobre una base de textura al óleo color amarillo y azul


Cuando todos hablan de un libro, inevitablemente quieres saber por qué.



Hay libros que llegan a ti porque alguien te los recomienda. Otros aparecen una y otra vez en redes, en entrevistas, en conversaciones y, de pronto, sientes que tienes que averiguar qué está pasando. Eso me ocurrió con Extraños. Elegía de un matrimonio, de Belle Burden.

 

Claramente, todo el mundo estaba hablando del libro y, una vez más, no me quise quedar atrás. Lo descargué porque me intrigaba entender qué había provocado tanto interés alrededor de esta historia. Después vi algunos segundos de una entrevista que Martha Debayle le hizo a la autora y pensé: es momento de leerlo.

 

Y entonces descubrí que detrás de todo ese ruido había una historia mucho más íntima de lo que imaginaba.

 

Un divorcio como punto de partida

En esencia, Extraños habla del divorcio de la propia autora.

Y uno podría pensar: bueno, ¿cuántos divorcios ocurren todos los días? ¿Cuántas parejas terminan sus relaciones por distintas razones? ¿Cuántas historias de amor que parecían sólidas terminan convirtiéndose en historias de separación?

Miles.

 

Pero aquí está la diferencia: Belle Burden no parece estar intentando contarnos únicamente cómo terminó su matrimonio. Lo que hace es entrar en ese territorio incómodo que queda después de una ruptura: el de las preguntas que no dejan de aparecer.

¿Por qué? ¿Por qué él tomó esa decisión? ¿Por qué terminó si todo parecía tan “perfecto”?

¿Qué fue lo que ella no vio?

 

Y quizá lo más interesante es que, al avanzar en el libro, tampoco encontramos una respuesta definitiva. Ella misma continúa haciéndose esas preguntas.

Y ahí está, para mí, una de las grandes fuerzas de la historia: la necesidad humana de encontrar una explicación para aquello que nos rompió.

 

 

 

El problema de creer que conocemos al otro.

Una de las ideas que más se quedaron conmigo es la de cuánto creemos conocer realmente a las personas que amamos.

Podemos compartir una casa, una cama, hijos, proyectos, viajes, rutinas y más de veinte años de vida… y aun así, descubrir que existe una parte del otro a la que nunca tuvimos acceso. Sus miedos. Sus heridas. Su infancia. Sus inseguridades.

 

Todo aquello que, aunque no siempre vemos, termina influyendo en la manera en que los adultos amamos, reaccionamos y tomamos decisiones.


Y esto me llevó a pensar en algo que cada vez considero más importante: nadie llega a una relación completamente resuelto.

 

Todos cargamos historias, patrones y creencias que aprendimos mucho antes de conocer a nuestra pareja. Modificarlos requiere consciencia, trabajo y, muchas veces, una enorme disposición para mirarnos a nosotros mismos.

 

Nada es para siempre… ¿o sí?

Hay una frase que siempre me ha costado trabajo aceptar: nada es para siempre.

Quizá porque sigo creyendo que, si realmente trabajamos en nuestras relaciones, muchas pueden durar mucho más de lo que hoy estamos acostumbrados a pensar.


Pero si aceptamos que nada es para siempre, hay algo que sí debería acompañar siempre una relación: la honestidad.

Hablar. Explicar. Dar la cara. Sobre todo cuando se trata de la persona con la que has compartido más de veinte años de tu vida.


Por eso, una de las imágenes que más me hizo pensar es la de alguien que simplemente sale por la puerta principal de una casa que compartió durante tantos años, dejando atrás preguntas para las que la otra persona tendrá que buscar respuestas por su cuenta.


Quizá una relación puede terminar, pero no necesariamente tendría que terminar también el respeto por la historia que construyeron juntos.

 

El divorcio no termina el día que termina el matrimonio.

El libro también me hizo pensar inevitablemente en los divorcios de amigas y familiares.

Y es que pocas veces un divorcio es sencillo. Hay dolor, miedo, enojo, incertidumbre, cambios económicos, cambios familiares y una enorme sensación de estar perdiendo la vida que imaginabas que tendrías.

Se necesita valentía. Muchísimo esfuerzo. Y, sobre todo, tiempo.

 

Pero también he visto algo que me parece esperanzador: muchas personas, después de atravesar ese proceso, terminan encontrando una versión mucho más auténtica de sí mismas.

Una versión más libre. Más consciente. Más propia.

 

Claro que llegar hasta ahí puede ser una verdadera chinga, especialmente cuando la otra persona hace que el proceso sea todavía más difícil. Porque una cosa es terminar una relación y otra es atravesar un divorcio en el que cada decisión se convierte en una nueva batalla.

 

Y sí, hubo momentos en los que me desesperó.

Aquí viene mi parte menos políticamente correcta como lectora.


Hubo momentos en los que me sentí molesta con Belle.

Quería decirle: ¡sé más fuerte!, ¡sal de ahí!, ¡sigue adelante!

Por momentos me desesperaba verla atrapada en el dolor, especialmente porque, desde mi perspectiva, contaba con un entorno que la privilegiaba de muchas maneras. Y eso me daba coraje. Pero después tuve que recordarme algo: no todos atravesamos el dolor de la misma manera.

 

Lo que para una persona puede ser una ruptura que se procesa relativamente rápido, para otra puede convertirse en una crisis que modifica por completo su identidad.

No todos tenemos las mismas herramientas. No todos tenemos la misma historia.

Y no todos necesitamos el mismo tiempo para reconstruirnos.


Lo que este libro me recordó.

Después de leer Extraños, me quedo con una idea que me parece especialmente importante: podemos amar profundamente a nuestra pareja y, aun así, nunca conocer por completo todo lo que ocurre dentro de ella.


Y por eso también creo que debemos conservar una vida propia.

Nuestra vida profesional. Nuestros amigos. Nuestros intereses. Nuestra curiosidad.

Nuestros proyectos. Nuestra vida intelectual. Nuestro propio camino.

 

Porque amar a alguien no debería significar desaparecer dentro de una relación.

 

Recuperar la voz

Quizá una de las partes más difíciles después de una ruptura es volver a escuchar tu propia voz.

¿Qué quiero? ¿Quién soy ahora? ¿Qué hago con la vida que imaginaba de otra manera?

¿Cómo vuelvo a construir algo cuando aquello en lo que había depositado tantas certezas dejó de existir?


No es sencillo, pero recuperar esa voz también puede ser profundamente liberador. Y para hacerlo hay que trabajar, además, con algo que muchas veces olvidamos: nuestros propios pensamientos. Porque una ruptura puede doler por lo que sucedió, pero también por todo aquello que nuestra mente construye alrededor de lo sucedido.


Aprender a cuestionar nuestros pensamientos, nuestras creencias y nuestros propios relatos puede ser una de las herramientas más importantes para no terminar destruyéndonos nosotros mismos.

 

Reconstruirse

Extraños. Elegía de un matrimonio no me dejó una respuesta definitiva sobre el porqué de una separación. Y quizá esa sea precisamente la lección.


A veces no vamos a obtener la explicación que necesitamos.

A veces la persona que nos hizo daño no podrá explicarnos completamente por qué lo hizo.

A veces tendremos que aprender a vivir con preguntas abiertas.


La reconstrucción nunca es sencilla. Mucho menos cuando no fuimos nosotros quienes decidimos que la historia terminara, pero siempre vale la pena volver a encontrarnos.

Volver a construir. Volver a elegir. Y, sobre todo, seguir experimentando la vida.


Porque quizá de eso se trata también sobrevivir a una ruptura: no de regresar a quien éramos antes, sino de descubrir quién podemos ser después.


 


Foto en blanco y negro de la escritora Belle Burden vistiendo una camisa negra y recargando la cabeza sobre su mano

Belle Burden es escritora y abogada especializada en casos de inmigración juvenil, y vive en Nueva York con sus hijos. Estudió en Harvard College y posteriormente obtuvo su título de Derecho en la New York University School of Law. Antes de publicar Extraños. Elegía de un matrimonio, algunos de sus textos aparecieron en The New York Times, entre ellos el ensayo «Was I Married to a Stranger?», que se convirtió en el punto de partida de sus memorias.

 

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Sobre mí

 

Soy Mariana, curiosa por naturaleza, apasionada de los libros, los viajes y las preguntas que nos hacen crecer.

Hace 7 años inicié este espacio como un rincón para compartir lecturas, reflexiones y momentos. Hoy lo escribo desde Alemania, pero con la misma energía y amor con el que comenzó en México.

© 2025  |  Mariana Espinosa

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