La montaña también era mental: Vía Ferrata.
- Mariana E

- hace 2 días
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Desde hace tiempo siento que vivo constantemente fuera de mi zona de confort, o de lo que durante muchos años fue normal para mí. Primero, por el idioma: hoy en día lo que menos hablo es español. Básicamente, paso la mayor parte del tiempo procesando en inglés y, cada vez más, en alemán. El clima también es otro factor, y así podría seguir con una larga lista de razones por las que desde hace algunos años no me siento precisamente en una zona cómoda.
Y con todo eso, llegó un nuevo proyecto…
Una parte de mí siempre lo quiso, no lo voy a negar. Quería pertenecer a ese grupo de personas que decide encerrarse a trabajar un poco más, asumir un proyecto adicional a todas sus responsabilidades y apostar por la posibilidad de que eso traiga beneficios en el futuro; es decir, crecimiento.
Porque la verdad es que nada se da gratis en esta vida. Y aunque hoy pienso que no todo es únicamente producto del esfuerzo, también creo que mucho depende de las relaciones que construyes en el camino.
Me aceptaron en el proyecto después de pasar por una serie de entrevistas. Esta vez sí preparé mi PowerPoint y me sentía súper preparada. Llegó el día de conocer a los demás participantes y, con ello, también el momento de poner manos a la obra.

Lo que jamás imaginé fue que haría una actividad deportiva que me sacara, una vez más y todavía más, de mi zona de confort.
La Vía Ferrata… la había visto en la televisión y, curiosamente, un par de semanas antes había estado viendo documentales de montañismo. Y así de curiosa es la vida: dos semanas después me encontraba en las montañas haciendo algo completamente nuevo para mí, entre nerviosa y con ganas de decir que no.
No puedo decir que me encantó y que voy a regresar por decisión propia jajajaja… porque sería mentirles. Pero sí puedo decir que fue increíble verme del otro lado de la montaña pensando: “sí pude”. También fue muy especial sentir el apoyo de las dos personas que iban tanto delante de mí como detrás. Cada una, desde diferentes perspectivas, me daba confianza para continuar y se convirtió en un verdadero punto de apoyo.
Y es que eso es lo que yo llamo verdadero trabajo en equipo: cuando ves por el otro y estás dispuesto a apoyar con lo que tienes, ya sea actitud, tiempo o simplemente presencia.
Arnés, calzado y casco… elementos básicos que hoy describiría de otra forma. El arnés es ese enlace entre tú y lo que tienes enfrente; el calzado representa tus pasos y los puntos firmes que encuentras para sentir seguridad; y el casco protege, pero sobre todo resguarda aquello que llevas dentro: tus pensamientos, esos que pueden impulsarte o detenerte.
Puedo decirles que, aunque fue desafiante para mí, esta experiencia me enseñó la importancia de tener un enfoque cuidadoso, porque cada paso cuenta y cada decisión importa, igual que en la vida.

Ya les contaré cómo termina este proyecto, que concluirá en octubre de 2026.
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